jueves, 26 de diciembre de 2019

Ad Hominen

Regreso como un relámpago, iluminando brevemente los instantes inciertos. Caída, desplomada, como un Prometeo maltrecho con ideaciones suicidas. Purificada por el dolor. Porque el dolor acuna y arrulle como los brazos de una madre cariñosa. El dolor es como una caricia que balancea el alma hasta el infinito de la muerte. Como una deidad caída, como un pellizco en el cuerpo y una fina pluma atravesando el alma, que entonces se deshincha y desaparece. Y si el alma desaparece, ya nada, aun en vida, queda.
Así reaparezco, cual balanceo inusitado carente de sentido. Así reaparezco, aguardando mi disolución.

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