Dos pequeños seres se apresuraron a penetrar en el recinto tras esquivar unos zapatos de mujer. Un tercero, más lento, estuvo a punto de ser aplastado por ellos a causa del enorme bulto que portaba consigo y que al carecer del material adecuado para poder arrastrarlo tenía que soportar sobre sus espaldas. Los dos primeros corretearon apresurados hacia el cuarto de baño y saludaron efusivamente. Alejandro bajó la mirada para tratar de identificar de dónde provenían aquellas palabras, pero esa tarea le resultó totalmente infructuosa. El menos paciente de ambos resopló con aires de fastidio moviendo al hacerlo ligeramente sus bigotes rojizos y trepó graciosamente hasta la encimera del lavabo. -¿Me ves ahora?- preguntó con una voz ronca y agresiva que en absoluto encajaba con su diminuto tamaño. Alejandro dio un respingo y tomó inconscientemente la alcachofa de la ducha con la intención de disparar un chorro de agua contra aquel extraño ser.
-¡No le hagas daño!- gritó el que aun permanecía sobre el suelo de baldosas, -hemos venido a pedirte ayuda-
Alejandro movió la cabeza con nerviosismo tratando de procesar toda la información que le estaban proporcionando y perdió su mirada en la parte inferior del marco de la puerta por donde asomó otro pequeño individuo. Éste, al contrario que los otros, parecía extremadamente cansado y caminaba haciendo muecas como para manifestar lo pesado que le resultaba aquel objeto que portaba a sus espaldas.
-Tenemos un serio problema- le confesó el pelirrojo del lavabo. –Como tal vez ya sepas, nos dedicamos a la extracción de los metales desde hace decenas de generaciones y ejecutamos nuestro trabajo con gran pasión, sin embargo nuestras herramientas se han ido desgastando con el paso del tiempo y por eso hemos venido a buscarte. Necesitamos un buen herrero-.
-¡Yo no soy un herrero! Soy un...un...- ¿Qué demonios era? Acababa de despertarse y no tenía la más remota idea de cual era su profesión más allá del recuerdo de estar preparando unas oposiciones a algo que en ese momento ignoraba. -¡Soy neurocirujano!- mintió sin saber si mentía o decía la verdad, pero le sonaba bien.
Los enanitos se miraron con cara de incredulidad al tiempo que el objeto que transportaba el más rezagado comenzó a emitir un fuerte sonido.
Alejandro salió de la ducha y lo cogió con una de sus manos para llevárselo hasta su oreja derecha –Sí, dígame-
-¡Ladrón! Devuélveme mi móvil- dijo una voz grave de varón al otro lado del teléfono.
-A mí no me mires- dijo el que era el más morenito de los tres –Esto ha sido cosa de Clepto... Paramos de camino hace días a descansar, le gustó el color azulado por recordarle al aguamarina y lo ha llevado sobre sus espaldas desde entonces el resto del viaje-
Clepto se sonrojó y bajó la mirada mientras asentía con su diminuta cabecita.
-Oye, ¿estás ahí?- preguntó el hombre del teléfono.
-Sí, perdone, le estaba pidiendo explicaciones a los enanitos-
-¿Cómo dices?-
-Por casualidad no será usted herrero...-
Una mano de mujer abrió la puerta del baño por completo –Cariño... ¿con quién hablas?-
miércoles 20 de enero de 2010
sábado 9 de enero de 2010
Miénteme
Siempre he tenido problemas a la hora de escoger nombres, así que me alegro de tener que relatar en esta ocasión una historia real...
Alejandro despertó una mañana en una casa que no era la suya, lejos de aquel que creía ser su país. Una botella de Passport se encontraba a su derecha y un cenicero repleto de diferentes tipos de colillas mutiladas descansaban a su izquierda. Su partida de nacimiento reposaba encima de la mesita que se erigía verticalmente al lado de la cama que le había servido de tumba hasta esta inesperada resurrección. Sacudió la cabeza y vació todo el contenido una botella de agua sobre su nuca antes de comenzar a leer aquello que aquel certificado decía: ante la imposibilidad de llegar a concebirte por ser contrario al ordenamiento lógico del mundo material, eres el hijo de la palabra cuya vida perdura más allá de la de los mortales. Tus madres te crearon, a pesar de sus amantes, pero su semilla creadora permanecerá en ti hasta que después de que el Sol absorba a la Tierra y las ideas se desvanezcan.
-Cuan dura es la vida del opositor- pensó, y acto y seguido se dirigió al cuarto de baño para tomar una buena ducha de agua fría y superar todas aquellas fantasías que el cansancio debían de estarle produciendo. Tan pronto como llegó allí activó el grifo de agua caliente y se dispuso a recibir ese reconfortante chorro de agua de vida que liberaría su cansancio, pero solo el aire rozó su cuerpo desnudo. Luchó durante varios minutos con la complicada maquinaria, pero nada salió de ella. Dirigió sus secos pasos hasta el calentador, llamó a la compañía de agua y al seguro, pero todo permanecía igual que hasta ese momento. Reposó sobre sus rodillas y entonces gritó desesperado -¿Por qué la ducha no funciona si es mi voluntad?- El ruido del agua desplomándose sobre la bañera fue absolutamente atronador. Alejandro parpadeó y aprovechando su racha de buena suerte corrió hacia el cuarto de baño despojándose de la toalla por el camino. ¿Tendría mujer? ¿hijos? ¿la casa en la que se encontraba sería la suya? ¿la de su amante? ¿su guardián? ¿un ocupa? Nada le resultaba familiar en absoluto. El agua se deslizaba sobre su espalda cuando la puerta principal pareció abrirse.
Alejandro despertó una mañana en una casa que no era la suya, lejos de aquel que creía ser su país. Una botella de Passport se encontraba a su derecha y un cenicero repleto de diferentes tipos de colillas mutiladas descansaban a su izquierda. Su partida de nacimiento reposaba encima de la mesita que se erigía verticalmente al lado de la cama que le había servido de tumba hasta esta inesperada resurrección. Sacudió la cabeza y vació todo el contenido una botella de agua sobre su nuca antes de comenzar a leer aquello que aquel certificado decía: ante la imposibilidad de llegar a concebirte por ser contrario al ordenamiento lógico del mundo material, eres el hijo de la palabra cuya vida perdura más allá de la de los mortales. Tus madres te crearon, a pesar de sus amantes, pero su semilla creadora permanecerá en ti hasta que después de que el Sol absorba a la Tierra y las ideas se desvanezcan.
-Cuan dura es la vida del opositor- pensó, y acto y seguido se dirigió al cuarto de baño para tomar una buena ducha de agua fría y superar todas aquellas fantasías que el cansancio debían de estarle produciendo. Tan pronto como llegó allí activó el grifo de agua caliente y se dispuso a recibir ese reconfortante chorro de agua de vida que liberaría su cansancio, pero solo el aire rozó su cuerpo desnudo. Luchó durante varios minutos con la complicada maquinaria, pero nada salió de ella. Dirigió sus secos pasos hasta el calentador, llamó a la compañía de agua y al seguro, pero todo permanecía igual que hasta ese momento. Reposó sobre sus rodillas y entonces gritó desesperado -¿Por qué la ducha no funciona si es mi voluntad?- El ruido del agua desplomándose sobre la bañera fue absolutamente atronador. Alejandro parpadeó y aprovechando su racha de buena suerte corrió hacia el cuarto de baño despojándose de la toalla por el camino. ¿Tendría mujer? ¿hijos? ¿la casa en la que se encontraba sería la suya? ¿la de su amante? ¿su guardián? ¿un ocupa? Nada le resultaba familiar en absoluto. El agua se deslizaba sobre su espalda cuando la puerta principal pareció abrirse.
lunes 7 de diciembre de 2009
Tic Tac
miércoles 16 de septiembre de 2009
lunes 14 de septiembre de 2009
sábado 5 de septiembre de 2009
El saludo de la oscuridad

Como cualquiera de los sábados que nunca regresarán, el whisky se deslizaba por aquella cascada próxima al acantilado en la que la melancolía solía refugiarse durante su soledad. Observó el descenso y percibió el estruendo que también retumbó en los oídos de las siete aficiones malsanas que vigilaban a su alrededor. Algunas veces siente que cambiaría lo cóncavo por lo convexo, pero no se decide a hacerlo. Solo deja que su mente recite inconscientemente los Versos de Oro y al mirar atrás desde las profundidades de la Tierra, logre sentir que aquel que era su mundo ya no es el suyo. El Sol ira poco a poco acortando sus visitas.
domingo 16 de agosto de 2009
Sin mucho que contar...
...con mucho que pensar. Algunas veces siento que grito a mi manera pero nadie escucha o quiere escuchar...
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